Ojalá
Por fin, España
Durante los meses que llevo organizando eventos de Gallery Access en Nueva York, hay una cosa que me han repetido más veces de las que puedo contar: “ojalá lo hicieras en España.”
Y yo siempre pensaba lo mismo. Ojalá.
La oportunidad llegó de la manera más práctica posible: tenía que ir a Madrid por trabajo durante la semana de ARCO, y pensé que ya que iba, si ya tenía los contactos, si ya existía la comunidad... ¿por qué no?
Y luego, claro, Granada. Que es donde vive mi familia, y que para mí no era opcional.
Algún día llegará el turno de Cádiz, donde nací. Y de Sevilla y Barcelona, donde he vivido años y que son ciudades que llevan mucho de lo que soy. Pero todo a su tiempo.
Por ahora, en febrero y marzo. Madrid y Granada.
El evento del 28 de febrero en Madrid es algo que me hace especial ilusión porque no es solo un evento de arte. Es una oportunidad para hablar de algo de lo que raramente se habla con claridad: cómo funciona el mercado del arte, qué papel juega el coleccionismo, y por qué comprar arte no es algo reservado para unos pocos elegidos con un presupuesto ilimitado.
Quiero que quien venga salga con una comprensión real de cómo funciona todo esto. Sin mitos, sin barreras, sin la sensación de que el arte es un mundo cerrado al que no puedes acceder si no tienes los contactos o el vocabulario correcto.
Pero también, y esto es igual de importante, quiero que sea una mañana en la que nos conozcamos. Que las personas que llevan meses o años viendo los vídeos, siguiéndome en redes, leyendo esta newsletter o escuchando el podcast, puedan poner cara a todo eso. Y que yo también pueda poneros cara.
Porque una cosa es construir una comunidad en internet, y otra muy distinta es estar en una sala, tomando algo, hablando de arte con personas reales.
Y el espacio no podría ser mejor: el antiguo taller de Manolo Valdés, un lugar con historia, privilegiado y exclusivo, al que vamos a poder acceder gracias a la colaboración de AGM Management.
No voy a mentiros: organizar esto desde el otro lado del Atlántico no es sencillo. Sin saber exactamente cuánta gente se apuntará, confiando en mis contactos, coordinando con mis sponsors de Madrid (Isola, a las que conoceréis también en el evento) que me están ayudando muchísimo y sin las cuales esto no sería posible. Preparando cada detalle para asegurarme de que quien venga sienta que ha merecido la pena. Que no fue solo otro evento, sino una experiencia enriquecedora.
En Granada haremos un Gallery Access en el que pasearemos por la ciudad encontrando puntos de unión entre ella y Nueva York, los mismos a los que yo he recurrido desde que llegué aquí para no sentirme perdida. Iremos también al Centro José Guerrero, a adentrarnos en su obra y a descubrir sus propias conexiones con Nueva York.
Ambos eventos tienen plazas limitadas, y una vez se llenen no podré ampliar.
En las próximas semanas os iré contando más sobre todo lo que estoy preparando, y compartiré con vosotros algunas partes de mi trabajo durante la semana del arte en Madrid.
Van a ser tres semanas de muchísimo jaleo entre reencuentros, trabajo, eventos, planificación y familia. Pero voy llena de ganas y de ilusión, y espero poder compartirla con vosotros.
Y ahora lo del arte: Manolo Valdés
Creo que hoy lo justo es hablaros de Manolo Valdés, aunque estoy segura de que muchos ya conoceréis su obra.
Manuel Valdés Blanco, conocido como Manolo Valdés, nació en Valencia en 1942. En 1957 entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, pero abandonó los estudios a los dos años para dedicarse por completo a pintar. Eso, en la España de finales de los 50, era desde luego una jugada arriesgada, y nos dice mucho de la convicción que tenía.
En 1964, junto a Rafael Solbes y Joan Antoni Toledo, fundó el Equipo Crónica, un colectivo artístico con un lenguaje visual caracterizado por una fuerte vocación narrativa, oponiéndose frontalmente al informalismo que había imperado desde la guerra civil y durante toda la etapa franquista. De pronto plantean un arte fuertemente figurativo, una forma de decir “aquí ya, las cosas claras.” El colectivo se inspiró en el Pop Art americano, adoptando sus códigos pero dándoles una dimensión más centrada en las referencias populares españolas.
Lo que hacía el Equipo Crónica era usar el lenguaje visual del Pop Art para hablar de la España a la que ya le apretaba demasiado la camisa franquista. Arte con compromiso político, con ironía, con crítica social. Desde 1965, el colectivo, formado exclusivamente por Valdés y Solbes tras la salida de Toledo, participó en numerosas exposiciones adquiriendo una notoriedad que fue más allá de las fronteras de España.
Cuando fallece Rafael Solbes en 1981, Manolo Valdés comenzó una carrera en solitario, continuando en parte la línea de Equipo Crónica, reinterpretando las obras maestras del pasado, pero a mediados de los 80 su obra da un giro centrándose no tanto en la crítica social o en el significado de la obra, si no en la materia.
Las reinterpretaciones de obras icónicas continúan, y es algo fundamental en su obra: Valdés no esconde sus referencias, él mismo se refiere a su trabajo como una labor de comentar el arte. Eso le lleva a reinterpretar a los grandes maestros como Goya, Velázquez, Ribera o El Greco, destacando sus modelos incluso en los títulos de sus obras. Pero en esta siguiente etapa, como os decía antes, lo que le interesa es la imagen, elimina todo lo accesorio para centrarse únicamente en ella, lo cual da lugar a obras muy coloristas y muy barrocas.
La textura y la materia resultan fundamentales en esa nueva etapa de su obra en solitario. Eso explica también, su salto de la pintura a la escultura. Él mismo afirma: “Detrás de la materia siempre hay un dibujo muy preciso.” Valdés de hecho, reinterpreta sus propios trabajos y los mismos temas constantemente, experimentando con diferentes materiales. Es su forma de cuestionar su propia evolución personal, y cómo sus perspectivas sobre las mismas cosas van cambiando con el tiempo.
Su obra monumental se ha visto en espacios públicos de todo el mundo: la Place Vendôme de París, la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia, o aquí mismo en Nueva York. Entre sus reconocimientos destacan el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1983 y la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes en 1998.
Su obra forma parte de grandes colecciones y se ha mostrado en museos de todo el mundo, desde el Museo Reina Sofía en Madrid, el MoMA y el Guggenheim en Nueva York, hasta el Centre Georges Pompidou en París.






