La nevera
El objetivo de cualquier expatriado: la nevera de mi madre
Mientras lees esto, yo estoy volando a España.
Es curioso cómo una normaliza la distancia. Volver a lo que aún considero mi casa una vez al año por unas semanas se ha convertido en lo normal, y pienso en la última vez que fui como si fuera la semana pasada. Pero la realidad es que llevo 8 años en Nueva York y en total en España habré pasado un par de meses.
En cada viaje me pregunto cuántos años me quedan para seguir llamando a España mi casa, o si alguna vez dejará de serlo.
Este año voy con mucho trabajo por delante, y con la emoción de encontrarme con algunos de vosotros en los eventos de Granada y Madrid.
Granada se llenó muy rápido, tanto que incluso pensé en hacer un segundo porque hay gente que se ha quedado con las ganas de unirse.
Para el de Madrid quedan pocas plazas, y cada vez me encuentro más emocionada, porque no solo vamos a tener la oportunidad de conocernos y conversar sobre el mercado del arte y cómo empezar a coleccionar, sino que además la comisaria de la colección privada que ahora acoge el espacio del antiguo taller de Manolo Valdés (del que ya te hablé en la newsletter pasada) nos hará una visita guiada por algunas de las obras más relevantes de la colección.
Así que ahora tienes una razón más para unirte el Sábado 28 de Febrero al evento de Madrid.
Ando en una mezcla entre realidad, futuro y deseo.
Organizando maletas, lidiando con un vértigo que me empezó hace un par de días, cerrando reuniones, mirando actividades para hacer con los niños en Granada, cuadrando cenas y cafés con mis amigas en Madrid, pidiendo citas médicas, dentista, proveedores para el evento en Madrid, y temiéndome un vuelo internacional en total minoría con mis dos fieras, para llegar a Madrid y meternos 5 horas de coche, hasta que por fin llegue al objetivo de cualquier expatriado: la nevera de mi madre.
Y ahora lo del arte
Mientras vuelo hacia la nevera de mi madre, no puedo dejar de pensar en Tom Wesselmann y su obsesión por convertir objetos cotidianos en arte.
Tom Wesselmann nació en Cincinnati, Ohio, en 1931. Estudió psicología en la Universidad de Cincinnati, pero en el camino descubre su pasión por el arte, y tras conseguir ser aceptado en la Cooper Union en Nueva York, guarda el título de psicología y se concentra en su carrera artística por completo.
Y menos mal que tuvo vista, porque Wesselmann se convirtió en una de las principales figuras del Pop Art estadounidense de los años 60. Reaccionó contra el expresionismo abstracto dominante (del que ya te hablé bastante en el curso de “Cómo mirar el arte”), retomando géneros clásicos como el desnudo, la naturaleza muerta y el paisaje, pero reinterpretándolos a través de imágenes publicitarias, colores planos y objetos comerciales. Creó collages y ensamblajes incorporando objetos cotidianos y elementos publicitarios con la intención de producir imágenes tan visualmente impactantes como el arte abstracto.
Y aquí es donde entra la nevera.
En 1962 Wesselmann comenzó a trabajar en una nueva serie de naturalezas muertas tridimensionales, continuando con el uso del collage pero incorporando objetos reales: recogía estantes, televisores o una nevera y los convertía en ensamblajes. No eran objetos encontrados al azar como en el dadaísmo (acuérdate de lo que hablamos en el curso sobre Marcel Duchamp), sino seleccionados e integrados cuidadosamente en composiciones altamente diseñadas.
En 1963 creó Still Life #30, una obra que hoy forma parte de la colección del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. La pieza incluye óleo, esmalte y acrílico sobre tabla, con collage de anuncios impresos, flores de plástico, una puerta de una nevera real, réplicas de plástico de botellas de 7-Up y otros detalles
Una puerta de nevera. Real. En un museo.
Wesselmann tomaba el objeto más doméstico, más ordinario, más “casa de tu madre” que existe —la nevera— y lo incorporaba físicamente en la obra. No solo lo pintaba, es que esa puerta de nevera está “empotrada” en la obra.
Su enfoque se centraba en la estética de la cultura de consumo y en la intensidad visual de la imagen. Sus obras, ya representaran una nevera llena de comida o un desnudo reclinado, estaban marcadas por una atención meticulosa a la composición, el color y la escala.
Lo que me fascina de Wesselmann es que entendió algo que todos aprendemos con la edad: los objetos cotidianos están cargados de significado emocional. Una nevera no es solo un electrodoméstico. Es abundancia, es hogar.
Para alguien que vive lejos de lo que fue su hogar, o para un estudiante que se va de su ciudad, la nevera de tu madre es el símbolo máximo de todo lo que dejaste atrás. No es nostalgia vacía, es memoria física.
Wesselmann expresó en varias ocasiones su incomodidad con ciertas lecturas del Pop Art como mera crítica irónica del consumo. Aunque fue una figura central del movimiento, insistía en que su interés era principalmente estético y formal más que satírico o moralizante.
Y quizás tenía razón. Porque cuando miro Still Life #30 no veo una crítica al consumismo americano. Veo una celebración de lo doméstico, de lo ordinario, de esas cosas que solo notas cuando no las tienes.
Wesselmann dijo una vez:
“La misión principal de mi arte… es hacer que el arte figurativo sea tan emocionante como el arte abstracto.” Esta frase me parece tremendamente significativa. Da por sentado algo cuestionado durante años, la duda de si el arte abstracto significa algo, si tiene sentido, si es o no arte. Con esta frase Wesselman da por zanjado el debate. Aspira a llegar al nivel del arte abstracto a través del figurativo.
Y lo logra, llevando la puerta de la nevera, la cocina de casa de tu madre, a la colección del MoMA.
La semana que viene, ya desde España, os hablaré de un artista español y una tendencia artística, que recuerda mucho a Wesselmann…






Qué gran verdad q la felicidad más amplia llega cuando te sientes en casa, y q el arte refleje ese sentimiento es digno de admiración.
Me has hecho acordar de la nevera de Antonio Lopez Garcia. Heladera le decimos en Argentina.
Yo creo que jamás dejarás de ser española.
Lo que me hace ruido es la palabra "expatriada" en lugar de "inmigrante". No lo tomes a mal, tal vez sólo se te haya pegado la costumbre de los estadounidenses que, cuando se van a vivir al extranjero, son "expats". En cambio los extranjeros que viven en USA son "immigrants" o "aliens".